¿Puede la robotización del trabajo generar pérdida de empleos en el futuro?

La manera de comunicarnos ya cambió. El desarrollo tecnológico ha logrado que los humanos estemos conectados de manera permanente, en cualquier momento y desde cualquier lugar del mundo. Mientras Donald Trump estrechaba la mano de Kim Jon, en América Latina lo estábamos viendo al instante.

Pero el avance de la tecnología ha puesto en el tapete la discusión sobre la robotización del trabajo; es decir, el remplazo de seres humanos por máquinas que ejecuten el trabajo por ellos. En Tokio, por ejemplo, hay hoteles en los que el recepcionista es un robot, tal como señala un interesante artículo de La Vanguardia. ¿Y a quién reemplaza este robot? A un ser humano.

Al respecto, Ignacio Apella, experto en Protección Social del Banco Mundial y uno de los autores del estudio “Cambio tecnológico y el mercado de trabajo en Argentina y Uruguay: Un Análisis desde el enfoque de tareas”, ha dicho que “la robotización no hace desaparecer ocupaciones, o puestos de trabajo, lo que reemplaza son tareas que los trabajadores desarrollamos en las ocupaciones”.

Pero luego aclara algo que es clave, y lo ejemplifica con los traductores digitales, que han reemplazado a seres humanos: “Un traductor online puede realizar esa tarea. De hecho, los traductores digitales ahora lo hacen mucho mejor que hace 10 años atrás debido a que van aprendiendo patrones de comportamiento, los cuales son incorporados por los propios usuarios. Entonces, no son solo las tareas rutinarias manuales las que están en riesgo sino también las de carácter cognitivo”.

Según datos del Banco Mundial citados por El País de España, “la proporción de empleos amenazados por la automatización alcanza el 69 % en India, el 77 % en China y nada menos que el 85 % en Etiopía. Si bien no se menciona a América Latina, no hay que negar que esta ola también está impactando a la región”.

Y citan una frase crucial: “Los expertos consideran que el acceso a la educación de calidad y el desarrollo de habilidades desde edades tempranas pueden contrarrestar el efecto de los robots en el mercado laboral”.

Hay que cuidarse de la robotización porque la robotización lo que hace es desplazar la mano de obra y el talento humano, ¿Y eso en que va a derivar a la final? En pobreza, y la pobreza impacta en el consumo. Por razones simples de teoría económica, una disminución sensible del consumo privado impacta en el Producto Interno Bruto, pues la demanda es un componente del mismo, y tal indicador es considerado como uno de los más idóneos para medir el crecimiento económico, que por cierto, no es lo mismo que desarrollo económico.

Si hay desempleo: ¿Quién va a consumir? ¿Quién va a mantener el Estado? ¿Las empresas? Pareciera que todo apunta a la multiplicación de la pobreza y la desigualdad, atentando contra la estabilidad de todos los países.
Por ello es necesario insistir en el humanismo. El humanismo es sensibilidad, es consciencia, hay que tener conciencia de que lo primero es el ser humano, la vida no tiene sentido sin el ser humano, el mundo no tiene sentido sin el ser humano, el mercado no tiene sentido sin el ser humano, la política no tiene sentido sin el ser humano, entonces el humanismo no es otra cosa que conciencia, saber que el ser humano necesita ser atendido fundamentalmente.

Entonces, en base a ello, se deben desempeñar los roles. Necesitamos un ejército de empresarios humanistas, empresarios con conciencia, y se conocen las carencias, se conocen las necesidades. La necesidad principal, para combatir la pobreza y evitar el shock por la robotización, es la educación.

Raul Gorrin

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